Psicología transpersonal y crecimiento interior. Entrevista a David B lanco – Gloria Coy (The Beijinger)
Gloria: Muy agradecida de que hayas dicho sí a esta entrevista. Has sido mi profesor de crecimiento personal y mi terapeuta en los últimos años. Y hoy soy yo quien te hago preguntas a ti. Estoy un poco nerviosa (risas).
David: Encantado de estar aquí y compartir este rato contigo.
Gloria: ¿Cómo comenzó tu andadura por la psicología y la espiritualidad?
David: Mi interés comenzó ya en mi niñez. Recuerdo una noche de verano en la casa de mis abuelos paternos. Me impresionó la luna llena y me senté recto contemplándola. Me quedé quieto por bastante tiempo y sentí que mi mente se acallaba y entré en un estado transpersonal. Mi conciencia se expandió enormemente y sentí cómo una paz de una calidad muy alta descendía sobre mí. Tengo el recuerdo muy vívido de esa experiencia, a pesar de que era todavía un niño y no lo hablé con nadie. En aquel momento no sabía explicar lo que me había pasado.
Por aquella época también recuerdo que en una excursión con la familia, visitando un monasterio con mis padres, cuando entramos al claustro, tuve una recuerdo súbito e intenso de otra vida pasada. “Yo vivía en un sitio así”- le comenté a mis padres, pero creo que no me tomaron en serio (risas).
Por aquel entonces saqué prestado de la biblioteca de mi escuela elemental un libro gordo que llevaba en el título la palabra Dios. Intenté leerlo con interés, pero confieso que no entendí nada. Cuando mis padres me vieron con ese libro, les entró la preocupación de que me volviera cura cuando creciera (risas).
La verdad es que recuerdo de niño ver a los mayores cumpliendo sus sueños mundanos y mi voz interior me decía “la vida ha de tener un propósito más allá que casarse, tener hijos, comprarse una casa bonita y un coche deportivo.” (risas)
Gloria: Ya de pequeño eras un buscador. Cuéntame más de tu trayectoria cuando eras muy joven.
David: De adolescente, a los 16 años, sentí una demanda intensa de conocerme a mí mismo. Buscando respuestas, una tía me recomendó unos audios grabados en muchos radiocasetes de un curso sobre Psicología Transpersonal y Autorrealización. Me pidió que esperara a las vacaciones estivales para escucharlos, pero no lo demoré ni una semana. Me puse inmediatamente a escucharlos y al hacerlo tuve varias experiencia de expansión de conciencia. Percibía como que se caían velos de la realidad y sentía una paz y una luz inmensas. Me enamoré de ese maestro que hablaba en los casetes, Antonio Blay. Su voz para mí era como la propia divinidad hablando. Allí comenzó, al menos en esta vida, mi aventura interior, mi pasión por la psicología y la espiritualidad.

En aquella época mi madre me comentó que ella iba a ir a una charla abierta del maestro de su profesor de yoga. Yo me mostré muy interesado y allí fui. Me impactó ver a un hombre anciano, pero lleno de vida, de sabiduría y de amor. Nos habló de la reencarnación y la espiritualidad. Su presencia fue un impacto para mí. Su nombre era Sebastián de Arauco.

Otra día en aquella época en la que yo tenía 16 años, mi madre me contó que fue a una charla sobre Terapia Gestalt. Yo le pedí muy interesado que me contara cómo fue la charla. Cuando mi madre mencionó que la Gestalt da mucho importancia a vivir en el aquí y el ahora, yo sentí algo muy profundo, una resonancia que de nuevo expandía mi conciencia. Tuve que sentarme mientras me hablaba sobre la Terapia Gestalt porque estaba sintiendo que algo muy grande en mí se abría.
Por entonces empecé a leer libros de crecimiento personal, psicología y espiritualidad en la biblioteca de mis padres. Mi madre iba a cursos y tenía un grupo que estudiaban juntos Un Curso de Milagros. Recuerdo que cada vez que yo abría ese libro, sentía una energía muy sagrada.
Cuando tenía 17 años, conocí a otro ser extraordinaria, Miguel Cintas, un arteterapeuta y analista junguiano. Venía algunos fines de semana a mi ciudad. Daba talleres al grupo de amigas de mi madre y se quedaba en mi casa. Mi madre me pedía a veces recogerlo en la estación y acompañarlo. Mis encuentros con Miguel me produjeron un gran impacto. Tenía una gran presencia e irradiaba mucha paz y simplicidad. Era un gran meditador. Nuestros encuentros, él y yo solos, eran como sesiones donde yo le consultaba cosas. Él era otro ejemplo vivo para mí de alguien muy evolucionado espiritualmente. Me sentí muy animado y arropado por él.

Gloria: Parece que esas personas extraordinarias fueron como modelos para ti. ¡Fuiste afortunado de crecer en un contexto así!
David: Sí, muy afortunado. Mi infancia no estuvo exenta de dificultades. Pero haber tenido buenísimos profesores y maestros del trabajo interior, me permitió navegar las dificultades y transmutar mis estados interiores.
Ese año, cuando tenía 17 tuve una novia, una historia de amor de adolescencia. Y a veces ella sufría porque sus padres se estaban divorciando. Queriendo yo ayudarla, recurrí a los libros de psicología (risas). Pero muy pronto, a través de Krishnamurti, me di cuenta que para poder ayudar a otros, primero tenía que ayudarme a mí mismo, que primero tenía que armonizar mi mundo interior, que en aquel momento tenía muchas contradicciones, tensiones, miedos, inseguridades, tristezas…
Gloria: ¡Qué bueno que te dieras cuenta de eso tan temprano! ¿Cómo procediste para ayudarte a ti mismo?
David: Quise ir a un curso del niño interior que mi madre y mi tía habían hecho y que les había cambiado la vida. Pero a mi madre le pareció que yo era muy joven para ello, ya que los participantes solían tener entre 30 a 50 años típicamente. Yo insistí hasta que mi madre me dijo que le preguntaría a la profesora si alguien de mi edad podría asistir a su curso intensivo de sanación emocional y niño interior. Ella me convocó a una sesión individual para valorarlo. Para mí fue una experiencia poderosa. Sentí su presencia. Ella me veía con mucha atención. Me animaba a hablar y cada poco me preguntaba cómo me sentía. Confieso que yo no estaba acostumbrado a conectar con mis emociones. Sentí claramente y por primera vez en mi vida que alguien me estaba viendo de verdad. Y para mi alegría terminó la sesión diciéndome que estaba muy preparado para participar en su curso. Para mí fue una revolución interior. No fui muy expresivo, más bien tímido, pero por dentro de mí se produjo toda una alquimia interior. Recuerdo que cuando el taller finalizó, yo la acompañé al coche y le dije, “no puedes irte sin decirme cómo puedo aprender a ser como tú”.(risas) Marly Kuenerz se sonrió y me dio algunas referencias.

Gloria: Eso sí que es vocación.
David: Sí. Me impactó también ver mi primera constelación familiar en aquel primer curso. Era un método nuevo entonces que estaba llegando de Alemania. Mientras estudiaba psicología clínica en la universidad, participaba en formaciones, cursos y sesiones individuales. Los cursos eran de Psicología Transpersonal, Bioenergética, chamanismo, Eneagrama, Constelaciones Familiares, Trabajo Emocional y Corporal…
Gloria: ¿Qué rol jugaron las sesiones individuales para ti?
David: En sesiones individuales fue donde aprendía a descorchar mis emociones, a poder expresarlas y entenderlas. Exploré mi inconsciente, mis heridas emocionales, mis necesidades, mi pasado, mi relación con mis padres… Hice bastantes sesiones en pareja también. Mi pareja de entonces estaba muy comprometida con su crecimiento personal. Yo creo que las relaciones son el ashram del siglo XXI.
En mi época universitaria yo viví en una comunidad de terapeutas a las afueras de la ciudad universitaria, donde nos apoyábamos mútuamente y hacíamos trabajo interior juntos. Había varios terapeutas en la comunidad muy experimentados y sabios y yo aprendí mucho de ellos. A pesar de que como universitario yo era dependiente económicamente de mis padres, para yo pagar los talleres a los que iba, los cursos y sesiones individuales recuerdo que hice varios trabajos durante los veranos universitarios. Desde barman hasta cuidar gente con necesidades especiales. Lo importante para mí era poder seguir formándome e invertir en mi propio proceso personal. Nunca le pedí descuento a ninguno de mis profesores. Por eso me hace gracia cuando hay gente que le parece que la terapia es prohibitivamente cara, cuando yo era capaz de pagármela, con esfuerzo, incluso siendo estudiante. Donde hay voluntad, se encuentra el camino. Todo depende de qué es lo que valores. Y para mí los cursos y las sesiones individuales eran meritorias de cada céntimo que pagaba.
Gloria: ¿Qué hiciste después de terminar la carrera de psicología clínica?
Me fui a Inglaterra a continuar mi formación. Estudié algo de Psicosíntesis y Terapia Corporal Hakomi en Londres. Y me pasé un año en un centro de meditación budista en Devon, al suroeste de Inglaterra, estudiando con maestros budistas de distintos linajes. Allí tuve experiencias espirituales muy profundas que avivaron más mi entusiasmo por la espiritualidad. Estudié psicología budista con John Peacock en Sharpham College y con David Brazier. Pero cada vez me llamaba más el Advaita Vedanta y visitaba regularmente a Swami Nishchlananda, el mayor experto en Europa en aquel entonces de No-Dualidad. Vive en un ashram en unas montañas de Gales.

Otro ser extraordinario.
Gloria: ¿Y cuándo diste el salto de ir a India?
David: Para allí me fui muy jovencito, coqueteando con la idea de quizá quedarme allí como sadhu, bajo la tutela de un maestro realizado. Aunque eso no se lo dije a mis padres (risas). Fue mi primera estancia en India de docenas de veces que he ido durante mi vida. En esa primera estancia estuve 7 meses formándome en psicología y espiritualidad vedántica en el enfoque de Bihar. Un maestro me dijo que mi trabajo estaba muy bendecido porque acercaba a la gente a su naturaleza divina. Allí recibí instrucciones de continuar mi carrera como psicólogo, terapeuta y facilitador de grupos. Y fue lo que hice, soltar mi sueño de vivir en India como monje y dedicar mi vida al servicio a través de la psicología transpersonal. Volví a trabajar a Europa primero y un poco más adelante a China.
Gloria: ¡Qué interesante! ¿Qué te pareció tu experiencia de muchos años en China?
David: Me he sentido siempre muy afortunado. Los chinos son maestros de la hospitalidad y tratan con mucho respeto a los profesores. Hace 17 años me sentí como uno de los pioneros de la psicología transpersonal en China, haciendo un trabajo lleno de significado. He tenido y tengo excelentes estudiantes allí. La gente en China tiene muchas ganas de aprender. Tienen un corazón muy bello y tienen la ambición de crecer y realizar su potencial. Una vez una maestra espiritual me dijo que algunos de mis estudiantes en esta vida también lo fueron en alguna vida pasada. Yo lo siento así también. Hay vínculos profundos.
Viví en Hong Kong, en Indonesia y en Pekín. Visité muchas veces India. Tuve clientes de terapia y participantes de talleres de todos los continentes y de todas las provincias de China. Impartí cursos a muchos cientos de personas en muchas ciudades. Conocí a verdaderos maestros taoistas, advaitas y sufís. Invité a China y asistí a muchos maestros y grandes terapeutas. En Asia cogí mucho rodaje profesionalmente. Y sigo muy vinculado con ese continente.
Gloria: Se nota que tienes un enfoque muy vivo, que no te has quedado en una forma fija de trabajar… ¿Cómo sigues nutriéndote y creciendo como terapeuta?
La verdad es que desde que me introduje en este campo, hace 30 años, no he dejado de formarme. Los terapeutas necesitamos estar constantemente profundizando en nuestro propio proceso y en ampliar nuestra mirada. Tengo mis mentores y me siento sostenido por la sabiduría de muchos maestros que me han ido aportando tanto.
Gloria: Después de aprender de tantas figuras importantes, ¿recuerdas a alguien que realmente te tocara por dentro y transformara tu manera de ver la terapia?
Es difícil escoger entre tantos profesionales de tanto nivel. Tuve la suerte de haber asistido a Robert Augustus Masters, uno de los mejores psicoterapeutas transpersonales a nivel mundial y su genialidad me impresionó mucho. Me lo habían presentado como el mejor psicoterapeuta del mundo y cuando lo vi trabajar en grupo entendí porqué.
Gloria: ¿Por qué? Cuéntanos. Me has dejado con la curiosidad.
Bueno, porque era capaz de ir muy profundo en poco tiempo. En una hora podía hacer tres o cuatro casos con una gran profundidad y no daba la sensación de que estuviera apurando. Usaba varias técnicas de forma muy intuitiva, algunas las había creado él. Otro genio que me impresionó fue Bert Hellinger, el fundador de las Constelaciones Familiares. Estuve con él en Hong Kong y Taiwan. Admiro la forma en que puso luz sobre el inconsciente familiar. Recuerdo que me contó su truco para recuperarse pronto del jet lag en viajes intercontinentales. Hacía ayuno durante el viaje y una vez llegaba a destino, seguía el horario local para las comidas (risas).
